Hans Bevers | Economista jefe, Degroof Petercam:

El pasado mes de agosto asistí a un programa sobre la sostenibilidad de la economía china en una escuela internacional de verano. El curso se celebró en la famosa Universidad de Pekín, el lugar donde Mao, antiguo presidente del país, encontró la inspiración marxista leninista. Esta universidad fue también una importante fuerza propulsora de las protestas que tuvieron lugar en 1989 en la Plaza de Tiananmén. Una tarde, el debate se centró en cómo la transición gradual de una economía de planificación a una economía de mercado podía fructificar sin necesidad de alejarse del régimen de partido único. Como señaló Winston Churchill, «la democracia es la peor forma de gobierno con excepción de todas las demás que ya se han probado». Al final resultó que no había ningún consenso al respecto. Un estudiante citó a Henry Louis Mencken: «La democracia es una creencia patética en la sabiduría colectiva de la ignorancia individual». No estoy seguro de si eso es verdad (o falso en ese caso), pero insinuó algo importante, en concreto, que no hay absolutamente ninguna evidencia de que con una reforma radical de la política china se pueda lograr un reajuste económico en China que sea menos exigente de cara al futuro. Dicho de otra manera, las declaraciones que afirman que China se enfrenta a un colapso inminente por el simple hecho de que no hay democracia, tal y como formulan algunos observadores, no son muy convincentes.

Entonces, ¿qué ocurre con las últimas fluctuaciones en el mercado de valores chino y la reciente depreciación del RMB? ¿Es un signo de que lo peor está por llegar? Hace dos semanas escribimos sobre esto y nuestra opinión sigue invariable, tal y como demuestran los 6 gráficos siguientes. Por eso, a pesar de que no esperamos una inminente caída brusca, está claro que la tendencia de crecimiento a largo plazo todavía se mantiene baja y que los desafíos siguen siendo considerables, como se explica por ejemplo aquí. Puede que los inversores estén ahora (por fin) asumiendo este escenario, lo que en realidad sería algo positivo. Al mismo tiempo, también es bastante seguro afirmar que el miedo a una caída brusca nunca desaparecerá por completo en este entorno. Los responsables políticos chinos, por su parte, podrían mejorar a la hora de comunicar su estrategia con el fin de evitar una considerable incertidumbre innecesaria.

Es posible que China ya no crezca “en torno al 7%”, pero no hay evidencias de un desplome de la confianza

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Signos de estabilización del crecimiento del crédito tras una política monetaria más flexible, aunque todavía en niveles insosteniblemente altos

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La economía de China se encuentra en medio de un difícil proceso de reajuste, pero no está cayendo bruscamente

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