Las críticas a los bonos patrióticos de las comunidades

Pareciera que hoy en día cualquier determinación en materia económica que se tome en España, más allá de lo acertada o no que pueda ser, levanta una ola de críticas de los más diversos sectores.

La semana pasada la comunidad de Valencia realizó una emisión de bonos para minoristas, calificados como “bonos patrióticos” a uno y dos años, con un coste total para la administración entre intereses y comisiones del 6,5%.

No olvidemos que esta autonomía no es la única que en los últimos meses tuvo que recurrir a los pequeños inversores para colocar deuda destinada a cubrir y reforzar la financiación comunitaria a corto plazo por los problemas que obviamente se derivan de los muy altos niveles de déficit que presentan los gobiernos autónomos.

Pero por ejemplo para la agencia calificadora de riesgos Moody’s haber tenido que recurrir a esta opción para poder mantener efectivo en caja supone por supuesto un elemento altamente negativo en lo que se refiere a la nota de solvencia crediticia de los valencianos, porque al subir el precio de la financiación hará falta en el futuro más dinero para devolver los fondos que hoy se comercializan.

Es por esto que tras este tipo de operaciones, cuyo vencimiento no supera en ningún caso los 24 meses, Moody’s hace cuentas y determina que las necesidades de financiación de las autonomías en general subieron para el curso de este año a entre 30.000 y 35.000 millones de euros. Para el año próximo estima asimismo que se va a mantener en los mismos niveles a pesar de los recortes en el déficit que anunciaron las distintas administraciones regionales.

Hoy en día, según la agencia calificadora, las administraciones autonómicas destinan un mínimo promedio del 2% de sus ingresos para poder pagar los intereses contraídos, pero al mismo tiempo señala que ese porcentaje seguramente va a aumentar si las comunidades que aún no se han sumado a esta nueva vía de financiación que implican los bonos patrióticos deciden hacerlo y proceden a emitir esos bonos minoristas.

Moody’s agrega que, como un pernicioso efecto de estas emisiones, estas operaciones van a dar más “combustible” a la que se conoce como guerra del pasivo de las entidades financieras, la que en los caso más extremos llegan a ofrecer a los inversores particulares hasta un 4,5% por sus depósitos, con el evidente propósito de captar los ahorros y el efectivo de esa importante franja de inversores, y entrando así en una clara competencia con las mismas comunidades.

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